¿seré estúpido? entonces, ¿por qué me ama todo el mundo?
Por supuesto que no me lo voy a leer, que con el resumen de mildiez tengo bastante, pero he caído en una profunda crisis existencial... y más después de comprobar que no hay más imágenes que las propias para inspirarme.
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leo, con un mes de retraso, esta perlita titulada "refranero web dos cero":
...coplilla de García Lorca, ese visionario.
“En el café de Chinitas, dijo Paquiro a su hermano:
-Soy más valiente que tú, mas bloguero y más gitano.
En el café de Chinitas, dijo Paquiro a Frascuelo:
-Soy más bloguero que tú, más gitano y más dos cero”

por si alguien, equivocado como yo, pensaba que el clásico fuckowsky se había callado para siempre...
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todos nos quedamos sin ideas alguna vez :-)

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Imaginemos, por el mero placer de imaginar, una conversación entre el diseñador de interacción (DI) y el jefe de proyecto (JP) tras la cena de navidad de la empresa.
Imaginemos que se encuentran a la puerta de un local en cuyo interior ya se encuentra más de la mitad de la empresa, y en el que es necesario pagar entrada.
JP: Yo no entro, mis principios me prohiben pagar para entrar en un local.
DI: Ya tío, pero nos acaba de invitar la empresa a cenar, merece la pena para estar con todo el mundo, ¿no?
JP: No, yo no pago. Además sólo estaría media hora, porque mañana tengo que ir a la oficina pronto para que la aplicación esté lista para tu test de usuario.
DI: ¡pero si el test de usuarios es a las doce! venga, yo te invito, te pago la entrada
JP: bueeeno... te dejo que me pagues la entrada si cancelas el test de usuario
...
Imaginemos que el diseñador de interacción no dice nada más. Se da la vuelta, paga su entrada y desaparece dentro del local.
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El fax y el ordenador entraron en mi vida prácticamente a la vez. Había oído hablar de ellos sobradamente, pero apenas los había utilizado hasta que tuve mi primer empleo.
Salvando las distancias, ambos eran dos nuevos cacharros indispensables para la tarea diaria: el ordenador como herramienta productiva, y el fax para comunicarme con los clientes de forma más rápida que el correo, más precisa que el teléfono, y más económica que la mensajería.
En aquella época, mi ordenador era una máquina incomunicada, que a duras penas conseguía entenderse con el de al lado o con una impresora compartida. Era el fax el que nos conectaba con clientes y proveedores, el que enviaba y recibía correcciones, vistos buenos, presupuestos, facturas.

Sin embargo, fue un alivio poder ir prescindiendo de su uso, a medida que las redes y el e-mail ampliaban las prestaciones del ordenador y lo convertían en vehículo de comunicación. Y es que no había en el fax nada que despertara el más mínimo cariño: siempre fue un aparato antipático y de uso obtuso.
El fax es una clara víctima de nuestro tiempo, un despojo, otro perdedor de la era de las telecomunicaciones. Por eso no deja de sorprenderme que en todas las oficinas siga habiendo uno, y más aún, que se siga utilizando este aparato residual, a mitad de camino entre la impresora y el teléfono, que come y escupe documentos híbridos de fotocopia y de e-mail.
Diez años después, apenas concibo mi vida sin un ordenador propio, mientras que el fax sigue siendo igual de lento y caprichoso, con ese pitido irritante que ya ni en los módems se escucha, y cuya única mejora significativa es haber aprendido a imprimir en papel normal, frente a los rollos termosensibles de entonces.
Seguro que hay grandes amantes del fax, y no dudo que su historia sea fascinante; yo me alegro de no tener que utilizarlo a diario.
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¡mentira! ¡sí que estoy registrada! (yo qué sé, puede que con otra cuenta de correo...) pero me has quitado las ganas de volver a intentarlo, por gritón y por acusica.
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