El spam es un mal tan común que casi es invisible. recibo un montón de ellos a diario, -como todo el mundo, supongo-, y normalmente los borro sin siquiera leerlos.
Por primera vez, hoy me ha llamado la atención uno de estos mensajes hasta el punto de abrirlo y seguir sus links.

Me ha intrigado mucho mi primer spam en japonés, *chispas*. ¿por qué me habrá llegado precisamente a mí, precisamente ahora?
Últimamente hemos hablado de este tema en la oficina: Jesús se preguntaba por qué la inmensa mayoría de estos mensajes van dirigidos .a hombres con problemas sexuales, si las mujeres recibimos el mismo tipo de spam, o si es que ellos abren más el spam que nosotras.
El caso es que sin entender ni papa de mi japo-spam, *chispas*, lo he abierto...

...y sin entender ni papa, he seguido el link.
A estas alturas, no me sorprende haber aterrizado aquí. Lo que me sorprende (aparte de la evidente juventud de esta chica) es que no hace ninguna falta entender japonés, porque la información gráfica es más que suficiente para contextualizar, y porque las únicas acciones posibles están muy claritas, y en inglés.

Puede que me esté perdiendo algo, pero yo creo que sólo tengo dos opciones: o entro, o salgo.
Sus ojitos de ardilla -ayudados por el contrapicado y el pícaro encuadre- me piden que entre (y eso que, evidentemente, yo no soy el target), pero... ahora que caigo... ¿por qué salir, si aún no he entrado? [weird...]
¡Decidido! voy a salir antes de entrar. Un mouseover no me da información, así que arriesgo mi click:

WTF...?? yahoo! ¿por qué yahoo? ¿y por qué la URL no cambia? es la mismita que pinché en el mail... no entiendo nada.
Vuelvo con la ardilla, y ahora sí que entro (para variar, la URL se mantiene). Vaya, un portal. O eso parece, porque en realidad hay muy pocos links...
Pinchando en todo lo pinchable, veo que lo único que puedo hacer (ya que sigo sin poder entender los textos) es mandar mails al genérico del portal, o registrarme. Vaya, parece que también puedo elegir chica... ya no está la ardilla, ni hay fotos: sólo iconos de niñas. Mal rollo. Me voy.

Después de este curioso tour, lo menos que puedo hacer es sacar mis propias
Conclusiones:
1. Aunque la mayoría del spam pasa totalmente desapercibido, siempre hay un mínimo porcentaje que se pincha.
2. Ese porcentaje debe merecer la pena.
3. A veces, lo que no entendemos es lo que más (o lo único que) capta nuestra atención.
4. Respondiendo a las dudas de Jesús, parece que se envía el spam indistintamente a hombres y mujeres, aunque vaya claramente orientado a ellos. Y claro, si el spam no va dirigido nosotras, ¿por qué vamos a abrirlo?
5. Además, parece que el spam no sólo se dirige a hombres con problemas sexuales: también a los insatisfechos y supongo que, en general, a los curiosos.
6. Y a los ociosos. Se pierde mucho tiempo tirando del hilo del spam: realmente, hay que tener ganas. (¿añado a los viciosos?)
7. Si [tienes las ganas y] sabes que estás en el sitio adecuado, aunque no entiendas ni papa, buscas qué puedes hacer: los elementos interactivos (links, botones) son lo único que se ve.
8. Seguramente, serás capaz de terminar el proceso
9. No puedo evitar sentir una mezcla de curiosidad, pena y mal rollo hacia este "mundo paralelo", tan orientado a ofrecer ¿soluciones? a hombres con problemas sexuales o insatisfechos a través de portales de contactos donde te reciben chicas con ojos de ardilla y encuadres picarones
10. Creo que no voy a volver a abrir spam en mi vida.
Dudas:
1. ¿Por qué mantienen todo el rato la misma URL? ¿y cómo lo hacen? (esto en realidad me importa menos)
2. ¿Por qué un botón de salir? ¿será el típico recurso rápido de "disimula que viene el jefe"?
3. ¿Por qué yahoo!? siguiendo la tesis anterior, ¿quedará uno bien ante su jefe mirando la portada de yahoo!?
...
4. ¿Por qué yo?
servido por singleton-bean
5 comentarios
compártelo
Esta profesión te acaba convirtiendo en un enfermo crónico de un montón de cosas: las instrucciones de uso, la señalética, las pantallitas, los aparatos con botones, las estructuras visuales... que, en mi caso, se suman a las que ya padecía anteriormente: cazar al vuelo los errores ortográficos, las viudas y los huérfanos, evaluar las proporciones tipográficas, buscar el equilibrio de formas y colores, hallar retículas base... un caso clínico.
Lo malo de vivir en un entorno contaminado es que te acabas acostumbrando a los síntomas de los demás, porque lo que más nos gusta a los enfermos es hablar de nuestros achaches (yo peor, yo peor). Hasta que un día te das cuenta de que te han contagiado una nueva.
Mi última enfermedad, un virus que al parecer está muy extendido, son las etiquetas; hay de muchos tipos y aún no tengo claro cómo de grave es el asunto, pero dudo que consiga librarme de la infección en mucho tiempo. De hecho, ya estoy deseando comentarla.
servido por singleton-bean
3 comentarios
compártelo